Llevo un mes pensándolo y aún no sé que es más terrible, si saber que me he fallado a mí mismo o comprobar que le he fallado a una de las personas que más quiero. Poco consuelo me ofrece el desconcierto y la incerteza que siento al pensar que "todo fue culpa mía". En necios condescendientes nos transforma el amor. Obviamente esto tiene que ver con esa parte ingrata del amor que nos hace sufrir con intensidad, en la que es mejor creer y no pensar, y que viene a marcar con bastante frecuencia el final de muy buenos momentos. Siempre quedará lo aprendido... desapacible consuelo.
Tendrán que venir tiempos mejores para este borracho de tristeza...
miércoles, 12 de septiembre de 2007
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